Palabras del presidente reelecto
Hugo Chávez Frías, durante acto de juramentación
en el Teatro Teresa Carreño Caracas,
8 de enero de 2007.- Este es mi primer discurso del 2007, hoy 8
de enero. ¡Feliz año nuevo para todos y para todas!
¡Feliz año nuevo!
Asistentes [aplausos].
Este acto, ya cargado de protocolo, pues, como que obliga a obviar
más protocolo.
Saludos a todos, con especial cariño y afecto, de manera
especial, muy especial, a José Vicente Rangel.
Asistentes [aplausos].
A Nelson Merentes, a Wilmar Castro, a Aristóbulo Istúriz,
a Samuel Moncada, a Francisco Armada, a Ricardo Dorado, a Jacqueline
Faría, a Yadira Córdova, a Jorge García Carneiro,
a Gustavo Márquez Marín.
Asistentes [ovación].
Sobre todo a ellos y a ellas dirijo yo lo esencial de mis sentimientos
esta tarde, lo esencial de mis palabras esta tarde.
Le decía a José Vicente ahora mismo que uno se llena
de sentimientos, y muchas veces en momentos como estos, a pesar
de que sabemos que no es esta una despedida, sin embargo no deja
de ser de cierta manera una despedida.
Y los que colocamos al ser humano en el primer lugar de todo, como
decía Cristo, “en el Alfa y en el Omega, en el principio
y en el fin”, pues como somos nosotros nos cuesta decir cosas,
a pesar de que no es una despedida, José Vicente, compañeros,
compañeras.
Poeta Jorge Rodríguez, nuestro nuevo Vicepresidente; poeta
José Vicente. Yo traje un verso muy sencillo de Gustavo Pereira,
para no quedarme corto ante estos poetas.
Asistentes [risas].
Gustavo Pereira: “En ejercicio del amor nada concluye, todo
recomienza”.
Dedico estos versos a ti, a ti, a ti, a ti, a ustedes. “En
ejercicio del amor nada concluye, todo recomienza”.
Uno pudiera decir muchas cosas pero yo, aquí desde el corazón,
en lo íntimo del ser, diré una palabra que recoge
un millón de palabras: ¡gracias!, ¡gracias!,
¡muchas gracias compañeros, compañeras, camaradas,
amigas, amigos! ¡Muchas gracias!
Gracias por cuántas cosas. Ustedes saben todos cómo
es que Hugo Chávez llegó aquí, y José
Vicente, el poeta, lanzó una frase ahora que agradezco tanto
sus comentarios y sus reflexiones, sus enseñanzas siempre.
¿Cómo fue que dijiste?: “Tu agónica”.
Por aquí la tienes, por aquí está: “Pasión
agónica”. Por aquí está: “Pasión
agónica”. “Agónica pasión venezolana”.
Sí, es verdad, “agónica pasión venezolana”.
Y yo creo que todos llegamos aquí traídos, empujados,
por esa agónica pasión venezolana, por esta pasión
por Venezuela, ¡por este amor infinito!, ¡por este frenesí!
Asistentes [aplausos].
Venezolano, venezolanista; humano, humanista; social, socialista;
rojo, rojito, rojista.
Asistentes [ovación].
Rojo, rojista [risa].
Asistentes [aplausos].
Entonces todos ustedes saben, compañeros, compañeras,
camaradas, compatriotas; cómo es que Hugo Chávez llegó
aquí, arrastrado, diría nuestro Bolívar, permítanme
parafrasearlo, arrastrado por el huracán revolucionario,
que me lleva como a una débil paja: el huracán revolucionario.
¡Vaya qué angustia, qué compromiso, qué
compromiso!
Aquí en este grupo de compañeros, yo los miraba, los
abrazaba, las abrazaba, les condecoraba a nombre del pueblo, reconocimiento
supremo, porque salen por la puerta grande.
Ojalá, si yo salgo algún día —como debo
salir, ojalá— vivo de esta circunstancia, salga como
ustedes: por la puerta grande, con el pecho afuera a darme un abrazo
con las calles, con los pueblos y con los campos.
Asistentes [ovación].
A decir: ¡misión cumplida! Como ustedes pueden decirlo
hoy. Por eso los envidio. Hasta cierto punto los envidio.
Aristóbulo, vas a poder otra vez ir a bailar tambor ahí
en Barlovento, con Merentes... bueno, no con Merentes, tú
no bailas con Merentes [risa].
Asistentes [risas].
A José Vicente yo lo conseguí... ¡viejo! ¡Miren
cómo rejuveneció en ocho años!
Asistentes [risas].
Él estaba viejo por allá, enchancletado [risa]. No
te vayas a poner viejo otra vez ahora. No, porque él va a
seguir en la batalla, como lo ha dicho, y todos; esa es la batalla,
esa es la batalla.
Ayer yo estaba releyendo, no sé por qué, buscando
ideas, sobre todo para mis discursos, no tanto este, porque esto
es del alma, yo vine aquí a decir sólo gracias, gracias,
y a juramentarlos a ustedes.
Asistentes [risas].
Antier fuimos a bautizar a Isaí, la más pequeña
de las hijas de Raúl Isaías Baduel; me ha honrado,
somos compadres dobles, triples compadres.
Asistentes [aplausos].
Gracias, Raúl; y a su esposa, mi comadre Cruz María.
Y estábamos echándole agua del Orinoco a la carajita...
Asistentes [risas].
Y del río Guárico y del Jordán; y estábamos
recordando algunas cosas de estas, estábamos recordando algunas
cosas de estas, de esas raíces profundas.
Y preparándome, como ando, pues, para estos discursos que
vienen, el de pasado mañana, día de mi juramentación,
mi nueva juramentación ante ustedes, ante el pueblo, ante
mis raíces...
Asistentes [ovación].
Ante mis recuerdos, como Jorge lo decía, ¡con qué
pasión!, recordando a su padre.
Yo recordaba también hace unos días, siempre la recuerdo,
todos los días, no dejo nunca, no hay día que yo no
la recuerde y la sienta, pero hace unos días, el 2 de enero
la abuela Rosa Inés cumplió 25 años de haberse
ido a la eternidad, así que estaba recordándola mucho,
con mi padre, su hijo, mi familia.
Igual, ese juramento es por ella y por ellos, por esas raíces,
ese juramento es por los mártires que sembrados están
en la tierra por haberse atrevido a soñar y a tomar el camino
de la Revolución.
Consciente como creo estar de mi papel, estaba releyendo —decía—
a Jorge, pero no a Jorge Rodríguez sino a Jorge Plejanov,
en aquel maravilloso libro que hace muchos años llegó
a mis manos y que, cuando era subteniente del Ejército, por
allá por el año 76 cuando asesinaron a tu padre, a
Jorge, pues andaba el subteniente Hugo Chávez en un campamento
antiguerrillero, fíjense las vueltas que da la vida, decía
José Vicente.
Yo cargaba en mi morral de campaña ese librito, porque no
es muy grande, no tiene muchas páginas pero creo que es medular,
me ayudó a ir consiguiendo el camino, me refiero a aquel
buen libro llamado El papel del individuo en la historia.
El papel del individuo en los procesos históricos, buscando
pues, buscando esas ideas releía a Plejanov y aquello me
trajo cuántos recuerdos, porque es el mismo librito aquél,
no es otro, es el mismo que logró sobrevivir a los huracanes
y a los años; y van apareciendo algunos libros por allí,
apareció el de Plejanov, el mismo librito y la misma rayita
que uno le puso allá, y la misma flechita y el mismo forro
con que yo lo camuflaba para que los superiores míos no me
dijeran “¿qué hace usted leyendo eso?”.
Lo leía por allá, escondido, con una linterna por
las noches, una lamparita de aquellas que uno tenía que darles
con... una lamparita de kerosén.
Por eso decía, buscando ideas para mis discursos que vienen,
no tanto para este porque estas palabras son así, más
de aquí del corazón que de la razón, que de
la mente.
Gracias, digo, y en este grupo de compañeros —comenzando
por José Vicente— hay cuántas raíces,
hay cuántos recuerdos. Así como Jorge dice que su
primer voto fue por José Vicente Rangel, yo pudiera decir
que mi primer impulso, mi primer deseo para votar —pero no
podía porque ya era soldado— fue también por
José Vicente Rangel.
Asistentes [aplausos].
Cosas de la vida. Claro era 1973 y era José Vicente candidato
de la izquierda, candidato socialista; y “Tribilín”
era brigadier, “Tribilín” ya tenía dos
rayas aquí, como dicen, una concha aquí, ya mandaba,
mandaba a 20 reclutas y uno de esos reclutas era Pepe Rangel, José
Vicente Rangel Ávalos, y nunca olvidaré yo aquellas
visitas de los viernes, de cuando en cuando lo he repetido, pero
aquello se lo dije a José Vicente en unas letras que hice
en estos últimos días, en una carta que le envíe
hace unos días; y ahora lo digo en público: la figura
de aquel candidato socialista de 1973 para mí fue como una
luz de esas que aparecen allá en un horizonte oscuro de un
viajero sin rumbo; muchacho de 19 años recién cumplidos
pero ya con angustias, ya con pasiones despiertas.
Derrocaron a Allende por esos días y lo asesinaron y había
oficiales —uno que otro— superiores, oficiales pues
de la Academia Militar que se atrevían a hacer comentarios
contra la izquierda; yo oí a uno, capitán de aquel
entonces, decir, viendo a José Vicente cuando salía
del Teatro de la Academia visitando a su hijo aspirante, oí
clarito cuando un capitán le dijo a un teniente: “Aquí,
si gana este, habrá que hacer lo mismo”, pocos días
después del golpe contra Allende. Y yo me resistía,
y yo le decía entonces a algunos de mis compañeros
más cercanos, como el catire Acosta Carlez, el “Catire
Primero” como le llamábamos, asesinado el 1º de
marzo de 1989 durante el “Caracazo”; no tengo duda de
que mandaron a matar al comandante Felipe Acosta, uno de los fundadores
del Movimiento Bolivariano Revolucionario (MBR) en el Ejército;
con él, García Carneiro, porque con García
Carneiro nosotros los vegueros nos íbamos para El Valle,
caraqueño, ellos son caraqueños y uno veguero, a ver
a las muchachas de El Valle, por allá en el Callejón
del Loro para arriba, por ahí.
Asistentes [risas].
García Carneiro ganaba todos los concursos de baile, de salsa
y todo eso, y de merengue.
Asistentes [risas].
Yo quedaba de último siempre, pero me fajaba. García
Carneiro, Ortiz Contreras, “gochito” de allá
de San Cristóbal; Ruiz Rondón, a quien Dios tenga
en la gloria junto a Ortiz Contreras.
Ese grupito, ese pequeño grupo de amigos, pues, cadetes todos.
Recuerdo que comentábamos, bueno nos hablan de democracia,
porque mi promoción, nuestra promoción es la primera
promoción del nuevo plan educativo de la Fuerza Armada de
nivel universitario, la de Raúl es la segunda.
Siempre decimos esto con mucho respeto por los oficiales más
antiguos, donde hay mucha dignidad, como ha quedado demostrado en
la historia; sólo nos referimos a algo que es parte de nuestra
historia militar en el ámbito académico; así
que nosotros nos acostumbramos desde muy jovencitos a discutir mucho,
porque ese era el perfil.
Entramos bachilleres y estudiábamos ciencia, arte, discutíamos
el derecho, la historia, la geografía, la política.
Nosotros comenzamos a estudiar las ciencias políticas desde
primer año, desde el mismo curso propedéutico-científico,
aquél nombre que le pusieron a ese curso. Veíamos
teoría política, recuerdo el librito aquel básico
de Montenegro y nuestros profesores y los debates y los trabajos
de investigación; así que leíamos bastante,
unos más unos menos pero era un grupo. Bueno, aquel grupo
de muchachos.
Entonces discutíamos: “Bueno nos hablan de democracia...
¿y Allende qué era, pues? ¿No era un demócrata?”.
Decía “Tribilín”: “¿Cómo
lo van a tumbar?, ¿lo van a matar?”.
Y aquí les decía yo a algunos, mira lo que le oí
decir al capitán tal que si gana el doctor Rangel, el candidato
Rangel habrá que hacer lo mismo y nosotros... ¿apoyaríamos
eso? Desde entonces decíamos: “No lo apoyaríamos”,
hay que respetar la voluntad del pueblo.
Asistentes [aplausos].
Y así pasaron esos años pues, y henos aquí
hoy. Al brigadier “Tribilín”, diciéndole
al candidato socialista, al vicepresidente que mereció ser
presidente.
Asistentes [aplausos].
Al doctor Rangel, líder de tantas luchas, de tantas batallas,
pero contra viento y marea, contra el pacto de Punto Fijo que todo
lo dominaba, que todo lo controlaba, ya contaba Jorge que su primer
voto se lo robaron, seguro que te aplicaron lo que yo vi una vez
de subteniente o de teniente; año 78, ya yo era teniente,
fue en las elecciones del 78 cuando ganó Luis Herrera “arregla
esto”, arranca, Berroterán...
Asistentes [risas].
“Dame una chicha de las grandotas, no le pongas hielito”.
Yo recuerdo todo aquello, chistes y gaitas; bueno José Vicente
había sido candidato, ¡claro!, era candidato también
pero ya yo estaba de teniente, por ahí en Cojedes, en el
Plan República, y yo lo vi con estos ojos, con un grupito
de soldados, allá en una mesa electoral en las afueras de
San Carlos montaña arriba, se repartían los votos
socialistas: “Quiquiriquí, este pa’ ti —el
gallo rojo—, quiquiriquí, este pa’ mi”.
Asistentes [risas].
Por cierto, yo no me di cuenta cuando tomé la decisión,
porque yo no tomo decisiones bajo ese cristal, pero creo que fue
en Últimas Noticias que leí ayer una gran verdad en
la historia de Venezuela de los últimos, bueno, no sé
cuántos años: tenemos el primer ministro del Partido
Comunista de Venezuela (PCV) en el Gabinete, David Nieves Velásquez,
camarada.
Asistentes [aplausos].
Bueno, y un ministro del Trabajo también, un hombre joven,
un líder obrero; y entonces cuando yo lo llamo me dice: “Presidente,
yo quiero decirle algo antes de que se lo vayan a decir por otra
parte...”, me refiero al ministro Rivero González,
quien me dice: “Yo soy trotskista”. Le dije ¿bueno
y cuál es el problema? Yo también soy trotskista.
Asistentes [aplausos].
Yo soy muy de la línea de Trotsky: la revolución permanente.
Pero yo dije que no iba a hablar de ustedes, sino de ustedes, ya
me fui para allá, con ustedes tenemos pendiente una reunión
más tarde.
Pero en verdad, cuántos recuerdos, cuánta sensibilidad,
cuánto agradecimiento, porque sí, uno llegó
aquí arrastrado por ese huracán, porque precisamente
todo aquello que uno vivió en los años 70, haciéndose
soldado, creciendo como individuo, como ser humano, estudiando,
aprendiendo; luego en los campos, persiguiendo guerrilleros andaba
yo en 1975, 1976, por allá por la frontera, yo estaba en
el Batallón de Barinas.
Pedro Carreño era un sute realengo, bueno, realengo no porque
tiene una madre que siempre, en aquellos años, lo cuereaba;
pero le gustaba estar en la placita, al ministro de Interior y Justicia,
ministro del Poder Popular Pedro Carreño.
Asistentes [aplausos].
En esos años ya Hugo Chávez, subteniente, andaba con
20 soldados por el río Nula, por el río Sarare, persiguiendo
guerrilleros y lo que se topaba era con la miseria, la explotación
del hombre por el hombre, el maltrato a los colombianos y a los
venezolanos —a todos—, a los hombres y mujeres que un
día conformaron una sola gran república que murió
en Santa Marta junto a Bolívar.Presidente reelecto de la
República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías
Bueno, este es mi primer discurso del 2007, hoy 8 de enero. ¡Feliz
año nuevo para todos y para todas! ¡Feliz año
nuevo!
Asistentes [aplausos].
Este acto, ya cargado de protocolo, pues, como que obliga a obviar
más protocolo.
Saludos a todos, con especial cariño y afecto, de manera
especial, muy especial, a José Vicente Rangel.
Asistentes [aplausos].
A Nelson Merentes, a Wilmar Castro, a Aristóbulo Istúriz,
a Samuel Moncada, a Francisco Armada, a Ricardo Dorado, a Jacqueline
Faría, a Yadira Córdova, a Jorge García Carneiro,
a Gustavo Márquez Marín.
Asistentes [ovación].
Sobre todo a ellos y a ellas dirijo yo lo esencial de mis sentimientos
esta tarde, lo esencial de mis palabras esta tarde.
Le decía a José Vicente ahora mismo que uno se llena
de sentimientos, y muchas veces en momentos como estos, a pesar
de que sabemos que no es esta una despedida, sin embargo no deja
de ser de cierta manera una despedida.
Y los que colocamos al ser humano en el primer lugar de todo, como
decía Cristo, “en el Alfa y en el Omega, en el principio
y en el fin”, pues como somos nosotros nos cuesta decir cosas,
a pesar de que no es una despedida, José Vicente, compañeros,
compañeras.
Poeta Jorge Rodríguez, nuestro nuevo Vicepresidente; poeta
José Vicente. Yo traje un verso muy sencillo de Gustavo Pereira,
para no quedarme corto ante estos poetas.
Asistentes [risas].
Gustavo Pereira: “En ejercicio del amor nada concluye, todo
recomienza”.
Dedico estos versos a ti, a ti, a ti, a ti, a ustedes. “En
ejercicio del amor nada concluye, todo recomienza”.
Uno pudiera decir muchas cosas pero yo, aquí desde el corazón,
en lo íntimo del ser, diré una palabra que recoge
un millón de palabras: ¡gracias!, ¡gracias!,
¡muchas gracias compañeros, compañeras, camaradas,
amigas, amigos! ¡Muchas gracias!
Gracias por cuántas cosas. Ustedes saben todos cómo
es que Hugo Chávez llegó aquí, y José
Vicente, el poeta, lanzó una frase ahora que agradezco tanto
sus comentarios y sus reflexiones, sus enseñanzas siempre.
¿Cómo fue que dijiste?: “Tu agónica”.
Por aquí la tienes, por aquí está: “Pasión
agónica”. Por aquí está: “Pasión
agónica”. “Agónica pasión venezolana”.
Sí, es verdad, “agónica pasión venezolana”.
Y yo creo que todos llegamos aquí traídos, empujados,
por esa agónica pasión venezolana, por esta pasión
por Venezuela, ¡por este amor infinito!, ¡por este frenesí!
Asistentes [aplausos].
Venezolano, venezolanista; humano, humanista; social, socialista;
rojo, rojito, rojista.
Asistentes [ovación].
Rojo, rojista [risa].
Asistentes [aplausos].
Entonces todos ustedes saben, compañeros, compañeras,
camaradas, compatriotas; cómo es que Hugo Chávez llegó
aquí, arrastrado, diría nuestro Bolívar, permítanme
parafrasearlo, arrastrado por el huracán revolucionario,
que me lleva como a una débil paja: el huracán revolucionario.
¡Vaya qué angustia, qué compromiso, qué
compromiso!
Aquí en este grupo de compañeros, yo los miraba, los
abrazaba, las abrazaba, les condecoraba a nombre del pueblo, reconocimiento
supremo, porque salen por la puerta grande.
Ojalá, si yo salgo algún día —como debo
salir, ojalá— vivo de esta circunstancia, salga como
ustedes: por la puerta grande, con el pecho afuera a darme un abrazo
con las calles, con los pueblos y con los campos.
Asistentes [ovación].
A decir: ¡misión cumplida! Como ustedes pueden decirlo
hoy. Por eso los envidio. Hasta cierto punto los envidio.
Aristóbulo, vas a poder otra vez ir a bailar tambor ahí
en Barlovento, con Merentes... bueno, no con Merentes, tú
no bailas con Merentes [risa].
Asistentes [risas].
A José Vicente yo lo conseguí... ¡viejo! ¡Miren
cómo rejuveneció en ocho años!
Asistentes [risas].
Él estaba viejo por allá, enchancletado [risa]. No
te vayas a poner viejo otra vez ahora. No, porque él va a
seguir en la batalla, como lo ha dicho, y todos; esa es la batalla,
esa es la batalla.
Ayer yo estaba releyendo, no sé por qué, buscando
ideas, sobre todo para mis discursos, no tanto este, porque esto
es del alma, yo vine aquí a decir sólo gracias, gracias,
y a juramentarlos a ustedes.
Asistentes [risas].
Antier fuimos a bautizar a Isaí, la más pequeña
de las hijas de Raúl Isaías Baduel; me ha honrado,
somos compadres dobles, triples compadres.
Asistentes [aplausos].
Gracias, Raúl; y a su esposa, mi comadre Cruz María.
Y estábamos echándole agua del Orinoco a la carajita...
Asistentes [risas].
Y del río Guárico y del Jordán; y estábamos
recordando algunas cosas de estas, estábamos recordando algunas
cosas de estas, de esas raíces profundas.
Y preparándome, como ando, pues, para estos discursos que
vienen, el de pasado mañana, día de mi juramentación,
mi nueva juramentación ante ustedes, ante el pueblo, ante
mis raíces...
Asistentes [ovación].
Ante mis recuerdos, como Jorge lo decía, ¡con qué
pasión!, recordando a su padre.
Yo recordaba también hace unos días, siempre la recuerdo,
todos los días, no dejo nunca, no hay día que yo no
la recuerde y la sienta, pero hace unos días, el 2 de enero
la abuela Rosa Inés cumplió 25 años de haberse
ido a la eternidad, así que estaba recordándola mucho,
con mi padre, su hijo, mi familia.
Igual, ese juramento es por ella y por ellos, por esas raíces,
ese juramento es por los mártires que sembrados están
en la tierra por haberse atrevido a soñar y a tomar el camino
de la Revolución.
Consciente como creo estar de mi papel, estaba releyendo —decía—
a Jorge, pero no a Jorge Rodríguez sino a Jorge Plejanov,
en aquel maravilloso libro que hace muchos años llegó
a mis manos y que, cuando era subteniente del Ejército, por
allá por el año 76 cuando asesinaron a tu padre, a
Jorge, pues andaba el subteniente Hugo Chávez en un campamento
antiguerrillero, fíjense las vueltas que da la vida, decía
José Vicente.
Yo cargaba en mi morral de campaña ese librito, porque no
es muy grande, no tiene muchas páginas pero creo que es medular,
me ayudó a ir consiguiendo el camino, me refiero a aquel
buen libro llamado El papel del individuo en la historia.
El papel del individuo en los procesos históricos, buscando
pues, buscando esas ideas releía a Plejanov y aquello me
trajo cuántos recuerdos, porque es el mismo librito aquél,
no es otro, es el mismo que logró sobrevivir a los huracanes
y a los años; y van apareciendo algunos libros por allí,
apareció el de Plejanov, el mismo librito y la misma rayita
que uno le puso allá, y la misma flechita y el mismo forro
con que yo lo camuflaba para que los superiores míos no me
dijeran “¿qué hace usted leyendo eso?”.
Lo leía por allá, escondido, con una linterna por
las noches, una lamparita de aquellas que uno tenía que darles
con... una lamparita de kerosén.
Por eso decía, buscando ideas para mis discursos que vienen,
no tanto para este porque estas palabras son así, más
de aquí del corazón que de la razón, que de
la mente.
Gracias, digo, y en este grupo de compañeros —comenzando
por José Vicente— hay cuántas raíces,
hay cuántos recuerdos. Así como Jorge dice que su
primer voto fue por José Vicente Rangel, yo pudiera decir
que mi primer impulso, mi primer deseo para votar —pero no
podía porque ya era soldado— fue también por
José Vicente Rangel.
Asistentes [aplausos].
Cosas de la vida. Claro era 1973 y era José Vicente candidato
de la izquierda, candidato socialista; y “Tribilín”
era brigadier, “Tribilín” ya tenía dos
rayas aquí, como dicen, una concha aquí, ya mandaba,
mandaba a 20 reclutas y uno de esos reclutas era Pepe Rangel, José
Vicente Rangel Ávalos, y nunca olvidaré yo aquellas
visitas de los viernes, de cuando en cuando lo he repetido, pero
aquello se lo dije a José Vicente en unas letras que hice
en estos últimos días, en una carta que le envíe
hace unos días; y ahora lo digo en público: la figura
de aquel candidato socialista de 1973 para mí fue como una
luz de esas que aparecen allá en un horizonte oscuro de un
viajero sin rumbo; muchacho de 19 años recién cumplidos
pero ya con angustias, ya con pasiones despiertas.
Derrocaron a Allende por esos días y lo asesinaron y había
oficiales —uno que otro— superiores, oficiales pues
de la Academia Militar que se atrevían a hacer comentarios
contra la izquierda; yo oí a uno, capitán de aquel
entonces, decir, viendo a José Vicente cuando salía
del Teatro de la Academia visitando a su hijo aspirante, oí
clarito cuando un capitán le dijo a un teniente: “Aquí,
si gana este, habrá que hacer lo mismo”, pocos días
después del golpe contra Allende. Y yo me resistía,
y yo le decía entonces a algunos de mis compañeros
más cercanos, como el catire Acosta Carlez, el “Catire
Primero” como le llamábamos, asesinado el 1º de
marzo de 1989 durante el “Caracazo”; no tengo duda de
que mandaron a matar al comandante Felipe Acosta, uno de los fundadores
del Movimiento Bolivariano Revolucionario (MBR) en el Ejército;
con él, García Carneiro, porque con García
Carneiro nosotros los vegueros nos íbamos para El Valle,
caraqueño, ellos son caraqueños y uno veguero, a ver
a las muchachas de El Valle, por allá en el Callejón
del Loro para arriba, por ahí.
Asistentes [risas].
García Carneiro ganaba todos los concursos de baile, de salsa
y todo eso, y de merengue.
Asistentes [risas].
Yo quedaba de último siempre, pero me fajaba. García
Carneiro, Ortiz Contreras, “gochito” de allá
de San Cristóbal; Ruiz Rondón, a quien Dios tenga
en la gloria junto a Ortiz Contreras.
Ese grupito, ese pequeño grupo de amigos, pues, cadetes todos.
Recuerdo que comentábamos, bueno nos hablan de democracia,
porque mi promoción, nuestra promoción es la primera
promoción del nuevo plan educativo de la Fuerza Armada de
nivel universitario, la de Raúl es la segunda.
Siempre decimos esto con mucho respeto por los oficiales más
antiguos, donde hay mucha dignidad, como ha quedado demostrado en
la historia; sólo nos referimos a algo que es parte de nuestra
historia militar en el ámbito académico; así
que nosotros nos acostumbramos desde muy jovencitos a discutir mucho,
porque ese era el perfil.
Entramos bachilleres y estudiábamos ciencia, arte, discutíamos
el derecho, la historia, la geografía, la política.
Nosotros comenzamos a estudiar las ciencias políticas desde
primer año, desde el mismo curso propedéutico-científico,
aquél nombre que le pusieron a ese curso. Veíamos
teoría política, recuerdo el librito aquel básico
de Montenegro y nuestros profesores y los debates y los trabajos
de investigación; así que leíamos bastante,
unos más unos menos pero era un grupo. Bueno, aquel grupo
de muchachos.
Entonces discutíamos: “Bueno nos hablan de democracia...
¿y Allende qué era, pues? ¿No era un demócrata?”.
Decía “Tribilín”: “¿Cómo
lo van a tumbar?, ¿lo van a matar?”.
Y aquí les decía yo a algunos, mira lo que le oí
decir al capitán tal que si gana el doctor Rangel, el candidato
Rangel habrá que hacer lo mismo y nosotros... ¿apoyaríamos
eso? Desde entonces decíamos: “No lo apoyaríamos”,
hay que respetar la voluntad del pueblo.
Asistentes [aplausos].
Y así pasaron esos años pues, y henos aquí
hoy. Al brigadier “Tribilín”, diciéndole
al candidato socialista, al vicepresidente que mereció ser
presidente.
Asistentes [aplausos].
Al doctor Rangel, líder de tantas luchas, de tantas batallas,
pero contra viento y marea, contra el pacto de Punto Fijo que todo
lo dominaba, que todo lo controlaba, ya contaba Jorge que su primer
voto se lo robaron, seguro que te aplicaron lo que yo vi una vez
de subteniente o de teniente; año 78, ya yo era teniente,
fue en las elecciones del 78 cuando ganó Luis Herrera “arregla
esto”, arranca, Berroterán...
Asistentes [risas].
“Dame una chicha de las grandotas, no le pongas hielito”.
Yo recuerdo todo aquello, chistes y gaitas; bueno José Vicente
había sido candidato, ¡claro!, era candidato también
pero ya yo estaba de teniente, por ahí en Cojedes, en el
Plan República, y yo lo vi con estos ojos, con un grupito
de soldados, allá en una mesa electoral en las afueras de
San Carlos montaña arriba, se repartían los votos
socialistas: “Quiquiriquí, este pa’ ti —el
gallo rojo—, quiquiriquí, este pa’ mi”.
Asistentes [risas].
Por cierto, yo no me di cuenta cuando tomé la decisión,
porque yo no tomo decisiones bajo ese cristal, pero creo que fue
en Últimas Noticias que leí ayer una gran verdad en
la historia de Venezuela de los últimos, bueno, no sé
cuántos años: tenemos el primer ministro del Partido
Comunista de Venezuela (PCV) en el Gabinete, David Nieves Velásquez,
camarada.
Asistentes [aplausos].
Bueno, y un ministro del Trabajo también, un hombre joven,
un líder obrero; y entonces cuando yo lo llamo me dice: “Presidente,
yo quiero decirle algo antes de que se lo vayan a decir por otra
parte...”, me refiero al ministro Rivero González,
quien me dice: “Yo soy trotskista”. Le dije ¿bueno
y cuál es el problema? Yo también soy trotskista.
Asistentes [aplausos].
Yo soy muy de la línea de Trotsky: la revolución permanente.
Pero yo dije que no iba a hablar de ustedes, sino de ustedes, ya
me fui para allá, con ustedes tenemos pendiente una reunión
más tarde.
Pero en verdad, cuántos recuerdos, cuánta sensibilidad,
cuánto agradecimiento, porque sí, uno llegó
aquí arrastrado por ese huracán, porque precisamente
todo aquello que uno vivió en los años 70, haciéndose
soldado, creciendo como individuo, como ser humano, estudiando,
aprendiendo; luego en los campos, persiguiendo guerrilleros andaba
yo en 1975, 1976, por allá por la frontera, yo estaba en
el Batallón de Barinas.
Pedro Carreño era un sute realengo, bueno, realengo no porque
tiene una madre que siempre, en aquellos años, lo cuereaba;
pero le gustaba estar en la placita, al ministro de Interior y Justicia,
ministro del Poder Popular Pedro Carreño.
Asistentes [aplausos].
En esos años ya Hugo Chávez, subteniente, andaba con
20 soldados por el río Nula, por el río Sarare, persiguiendo
guerrilleros y lo que se topaba era con la miseria, la explotación
del hombre por el hombre, el maltrato a los colombianos y a los
venezolanos —a todos—, a los hombres y mujeres que un
día conformaron una sola gran república que murió
en Santa Marta junto a Bolívar.
Todo eso fue convirtiendo los vientos en huracanes, porque yo, con
un fusil, me preguntaba: ¿qué hago yo detrás
de cuáles guerrilleros? Alí Rodríguez era uno
que yo tenía en mi lista, Rafael Ramírez era aspirante
a guerrillero, tú andabas entrenando por allá por
La Azulita; Adán Chávez también, los dos eran
estudiantes, ya profesores, profesionales muy jóvenes y andaban
por allá por los campos de Mérida, por La Azulita,
con Douglas Bravo, entrenando.
Y después en Oriente también, después en Oriente
detrás de la guerrilla y estudiando el fenómeno guerrillero,
¿por qué guerrilla?, ¿cuáles son las
razones? Y al final colocado en el medio de una gran duda existencial.
Este fusil, ¿a quién?, ¿contra quién
lo apunto? Y oyendo a Alí Primera: “Soldado vuelca
el fusil contra el oligarca”. Oyendo a Alí Primera,
oyendo su canto, su canto incendiario.
Asistentes [aplausos].
Y leyendo a Bolívar y a Zamora, y asumiéndome soldado,
soldado, porque eso es lo que en esencia yo terminé siendo
en mi vida: soldado.
Lo de presidente, eso es una circunstancia, lo de soldado es esencia.
Y luego los 80 y la gran crisis y la gran tragedia, y el 89, explosión,
horror, estaba recordando hace días en la Academia Militar,
el 28 de diciembre, cuando fui a dar el mensaje, el último
del año 2006 a la Fuerza Armada; nos fuimos a la oficina
del general Alcalá Cordones, Carlos; director ahora de la
Academia Militar, y estaba Baduel y el Alto Mando; y fuimos a oír
la exposición de un grupo de cadetes y cadetas del quinto
año.
Una muchacha, una cadeta que me dio parte y novedades hace varios
meses y yo le hice unas preguntitas y entonces no quedé muy
conforme con alguna respuesta, ella respondió bien pero sacó
como 95 puntos sobre 100, y le dije: bueno, me haces un trabajito
de investigación, que era mi estilo en la Academia cuando
yo era cadete y era teniente y capitán: trabajo de investigación.
Yo era enemigo de las sanciones físicas, tenemos que ser
enemigos de las sanciones físicas, eso tiene que acabarse
definitivamente en el Ejército, en la Fuerza Armada.
Asistentes [aplausos].
Esos son vestigios de salvajismo, ¡eso es salvajismo!, sanciones
físicas, torturas, incluso a medianoche, bajo el frío
con casi cero ropa.
A nosotros nos paraba un teniente por allá, en La Elvira,
en el curso —por cierto— de contraguerrilla, a media
noche; a mí me pararon como tres veces, a media noche en
una quebraba que aquello era hielo, hielo, en chorcitos nada más:
tortura.
Pero son reminiscencias de tiempos viejos, ahora no: trabajo de
investigación, biblioteca, estudia y después me explicas
qué conclusión sacaste, pues.
Bueno a esta muchacha yo, la... no fue ninguna sanción, ¡no!,
ella sacó 95, pero yo quería que sacara 100 y le coloqué
la tarea de investigar sobre la vida y cómo murió
el comandante Acosta Carlez. Y la muchacha estaba allá: “aquí
está el trabajo”.
¿Y ustedes saben qué nombre le pusieron esos muchachos?
Porque ella organizó un equipo, yo le di libertad, o lo haces
tú sola. ¡Y qué bueno que ya estén las
muchachas en quinto año!, las mujeres en la Fuerza Armada,
¿y por qué no?, mujeres, igualdad, igualdad, igualdad:
socialismo.
Asistentes [aplausos].
Entonces ella seleccionó otro conjunto de compañeros,
y le pusieron al equipo de trabajo “Célula Revolucionaria
Felipe Acosta Carlez”, ¡ese es el nombre que le pusieron
al grupo de trabajo! Son señales interesantes, ¿no?,
de las cosas que vienen pasando en Venezuela.
La Fuerza Armada venezolana a partir de ahora comienza a llamarse
Fuerza Armada Bolivariana de Venezuela, Ejército Bolivariano
de Venezuela, Armada Bolivariana de Venezuela.
Asistentes [aplausos].
Aviación Bolivariana y Guardia Bolivariana de Venezuela.
Estamos entrando en verdad en una nueva era y yo los invito a todos,
cuando he firmado el decreto cambiándole el nombre a los
ministerios, y ahora llamándolos “Ministerios del Poder
Popular”, eso no es sólo para que suene bonito cuando
damos un discurso, ¡no!, los quiero y las quiero allá,
cada día más metidos en el alma del poder popular,
a los ministros, a las ministras, al Vicepresidente; y primero,
por supuesto, yo mismo.
Asistentes [aplausos].
Son señales de lo que viene, son señales para esta
nueva era, este nuevo horizonte al que invito a la nación
toda, sin exclusiones de ningún tipo.
Nada ni nadie podrá desviarnos del camino hacia el socialismo
bolivariano, el socialismo venezolano, nuestro socialismo.
Asistentes [aplausos].
Gracias pues, José Vicente, porque así como llegué
traído por el huracán del 4 de febrero, que tú
mencionabas en tus palabras; el huracán del 4 de febrero,
ese fue un huracán que produjo otros huracanes; qué
iba a pensar el comandante Hugo Chávez que el 4 de febrero
lo iba a colocar —como lo colocó— en el ojo de
la tormenta durante quién sabe cuántos años,
porque han pasado... ¿cuántos?, 15, vamos a conmemorar
el próximo 4 de febrero los 15 años de aquél
día de revolución, de rebelión bolivariana
¡y quién sabe cuántos más!; pero así
son las cosas de la vida, así son las revoluciones: en verdad
nadie las planifica, ellas explotan como el volcán; así
explotó el “Caracazo”, así explotó
el 4 de febrero; hubiera ocurrido de una o de otra manera; pero
he ahí los signos de la historia. Los acontecimientos inexorables
de la historia, y dentro de ellos nosotros, los seres individuales,
que somos arrastrados por ella.
Y como decía Carlos Marx, ese gran pensador revolucionario,
bueno los hombres sí podemos hacer historia, pero en el marco
que nos impone la historia. Digo gracias porque cuánto compromiso,
cuánto compromiso desde aquél día 4 de febrero,
desde aquél día 6 de diciembre de 1998. ¿Cómo
cumplir con ese juramento hecho una y otra vez?
Por eso, gracias José Vicente, y gracias compañeros,
camaradas, hermanos, hermanas por haber ayudado tanto a este soldado
de ustedes, a tratar de cumplir su juramento, a tratar de cumplir
su compromiso.
Son ustedes además, compañeros ministros, que han
entregado con la frente en alto su cargo, han sido víctimas
de muchas maneras de los ataques, de los ataques por distintos flancos
de quienes pretenden detener la marcha de la Revolución,
porque es de Aristóbulo, del filósofo Aristóbulo
la frase, recuerdo una frase del filósofo Aristóbulo,
cuando dijo que Chávez es como el Guaire, ¿te acuerdas
Aristóbulo? Que Chávez es como el Guaire, que mientras
más porquería le echan, más crece. Algo así
fue que dijiste por allá por el 98. Una bonita comparación.
Asistentes [risas].
Que le acepto, sobre todo ahora que Jacqueline nos deja el Guaire,
no hemos terminado, pero hemos comenzado, y ya qué bonito
se ven algunos tramos del Guaire, el Guaire volverá a ser
ese río bello que fue en una época, nunca será
tan bello como fue, pero será bello de nuevo.
Estás invitada, Jacqueline, a bañarte en el Guaire,
y todos ustedes, vamos a bañarnos en el Guaire, no quisimos
bañarnos en octubre-noviembre porque nos íbamos a
bañar era ahí en Catuche, por allá arriba,
¿no era? En Anauco, pero yo dije no, prefiero bañarnos
en la mitad del Guaire, así que mejor es esperar un poquito
más.
Entonces decía que, víctimas de la conseja mediática,
de los laboratorios de la guerra mediática, de la guerra
inmunda que contra nosotros lanza de manera permanente la oligarquía
venezolana, el imperio norteamericano y sus laboratorios, la CIA
a través de diarios y televisoras en Venezuela, y en buena
parte del mundo.
Entonces es muy frecuente leer u oír una construcción,
una construcción que busca satanizar a todo al que a mí
se acerque, como yo soy como el Guaire, entonces arremeten contra
ustedes para luego decir, con eso pretenden confundir al pueblo:
“No, Chávez está rodeado de incapaces; Chávez
está rodeado de holgazanes”.
Así me decía por cierto uno de los militares más
confundidos con los que hablé la madrugada aquella, el amanecer
aquel, no fue del 11 sino la noche del 12 para amanecer el 13, cuando
me llevaron a Turiamo, allá me querían asesinar, yo
iba a morir en Turiamo, así estaba señalado por el
imperio y la oligarquía venezolana.
Entonces uno de los militares allá, dialogando, porque yo
sentía que iba a morir, y bueno, sin comparaciones de ningún
tipo pero con respeto por la vida, cuando vi el rostro de Saddam
Hussein, con dignidad, asumiendo su muerte, ¿no? Incluso
hablando con sus verdugos. Nadie filmó a Chávez aquella
madrugada por allá, pero yo recuerdo más o menos,
que así creo que yo estaba asumiendo mi muerte, inquiriéndoles,
respondiéndoles, señalándoles, ¿qué
van a hacer conmigo mañana cuando salga el sol? ¿Qué
van a hacer con mi cadáver? ¿Qué le van a decir
al pueblo venezolano cuando salga a preguntar dónde está
Chávez, qué lo hicieron?
Asistentes [aplausos].
Entonces uno de ellos me decía: “Bueno, es que usted
no lo hizo mal del todo —me decía— pero se rodeó
muy mal, se rodeó muy mal ¡dígame!, nos puso
de ministro de Defensa al comunista ese...”.
Y te juro José Vicente, te juro, que aún sintiéndome
yo al borde de la muerte salí en tu defensa y dije: ¿comunista?
Bueno, podrá ser comunista, yo también lo soy, le
dije, yo también lo soy, y luchamos por la dignidad de los
seres humanos, imbécil —le dije—, lo que pasa
es que tú no sabes ni lo que estás diciendo...
Asistentes [aplausos].
No sabes ni lo que estás diciendo, recuerdo que utilicé
una frase de Jesús, mi Señor: “Perdónalos,
que no saben lo que hacen, que no saben lo que dicen...”.
Es la ignorancia y la manipulación del imperialismo y de
la burguesía criolla, aprovechando la ignorancia en algunos.
Entonces recuerdo que me decían eso: “No, no lo hizo
tan mal usted, pero se rodeó muy mal...”. Estos buenos
compañeros que tanto han trabajado, algunos a mi lado estos
últimos 8 años, José Vicente, desde una partida
de bolas criollas allá en un lugar como lo escribí,
de cuyo nombre no quiero acordarme, aceptó ser Canciller.
Desde entonces Canciller, ministro de la Defensa, Vicepresidente,
8 años sin descanso ni un día, sin vacaciones ni nada,
aguantando ataques, difamaciones, amenazas, poniendo el pecho y
poniendo la vida como aquel 11 de abril, recuerdo al José
Vicente de aquella noche y su mirada escrutadora como diciéndome:
“Tribilín, ¿qué vas a hacer ahora?”.
Pero asesorándome, ayudándome a entender, ayudándome
a visualizar...
Asistentes [aplausos].
Presentadora Allá se fue José Vicente Rangel, yo lo
voy a repetir: honor a quien honor merece, allá se fue al
despacho, a aquel despacho, el mismo cuarto aquel donde hace 98
años Juan Vicente Gómez selló la traición
no sólo a su compadre Cipriano Castro sino a la Patria, para
entregarla luego a la voracidad imperialista, aquel mismo despacho
donde Rómulo Gallegos, cayendo ya, derrocado ya prácticamente
aquella madrugada le dijo a Giacopini Zárraga, interlocutor
con los golpistas: “No voy a dialogar con ellos, ellos son
Doña Bárbara, yo soy Santos Luzardo”.
En ese mismo despacho, allá llegó José Vicente
y me dijo: “Aquí estoy, siempre le dije a Anita (desde
aquí un beso para Anita Rangel y mi reconocimiento por su
amistad, por su afecto, su apoyo) que si este día llegaba
se quedaría viuda”.
Asistentes [aplausos].
Y llamó a “Pepe”, y allá llegó
el “Pepe”, el alcalde. Y cuánto admiré
entonces y admiraré siempre aquella capacidad, aquella serenidad
para asumir la inmolación si había que asumirla.
Bueno, pero Dios no lo quiso así, la historia no lo quiso
así, el pueblo no lo quiso así; nuestros soldados
bolivarianos no lo quisieron así, y aquí estamos hoy,
José Vicente, y entrega la vicepresidencia con la frente
en alto a ese ilustre venezolano que es Jorge Rodríguez.
Gracias, José Vicente.
Asistentes [aplausos].
Merentes, y los más lejanos recuerdos que tengo de Merentes
en la universidad: la matemática, los análisis políticos
desde Yare, nos conocíamos en Yare, porque Yare fue punto
de encuentro, y luego su humildad, su entrega, su trabajo permanente,
consistente; ahora podrás casarte...
Asistentes [risas].
Parece que le han propuesto matrimonio y no ha querido: ministro,
no le da tiempo. Ahora, no sé.
Wilmar Castro Soteldo, ¡imagínate tú!, desde
los años aquellos cuando juntos preparábamos el Movimiento
Bolivariano, lo impulsábamos, lo comandábamos, Luis
Reyes Reyes, Wilmar Castro; 4 de febrero, recuerdo que a Castro
lo enviaron a Centroamérica poco antes del 4 de febrero porque
alguien lo delató, que andaba en un Movimiento Ezequiel Zamora
en Maracay, y Castro fue a mi casa, recuerdo, se iba ya, le dijeron
de un día para otro: “Mire, mañana tiene que
estar en Centroamérica...”. Primero fue a llevarme,
porque Luis estaba en Estados Unidos, Luis Reyes estaba en Estados
Unidos, su hijo muy enfermo, el “Tato” —que después
se convirtió en angelito— estaba muy enfermo, y Luis
se fue a Estados Unidos a hacer esfuerzos por salvar al niño;
y Wilmar quedó entonces representante de la Fuerza Aérea
en el comando revolucionario. Así fue, ¿verdad Wilmar?
Tal cual. Entonces él fue a llevarme a quien lo iba a relevar,
quien iba a quedar encargado, y ese que iba a quedar encargado es
el hoy comandante de la Fuerza Aérea, el general Cordero
Lara, era mayor, eran pilotos de Mirage y de F-16, de todos esos
aparatos, como Luis; porque ahí venía galopando el
movimiento revolucionario militar, venía galopando en el
Ejército y la Fuerza Aérea, no tanto en la Marina
por otras consideraciones, no porque en la Marina no haya revolucionarios
ni los haya habido, en contrario, —recordemos el Porteñazo,
el Carupanazo— otras consideraciones, incluso a veces hasta
personales, no nos conocíamos; en cambio nosotros siempre,
los paracaidistas, hasta vecinos éramos después; creo
que tú le quitaste una novia a Luis Reyes también
en Barquisimeto y entonces tuve yo que meterme allí, en el
medio de los dos, ¿te acuerdas? Eran otros tiempos, uno tuvo
novia por ahí. Y entonces se fue Wilmar y me dijo: “Mira
Hugo, me mandas a avisar porque yo me vengo de Centroamérica...”.
Creo que un helicóptero tenías allá a disposición
y entonces estaba pensando venirse en helicóptero, ¿llegan
los helicópteros? “Bueno, llegaremos como sea”.
Por fin no pudimos avisarle, no pudimos avisarle de la rebelión
y a él lo sorprendió en Centroamérica. Ya nosotros
en prisión, él regresa, y una carta: “Y aquí
estoy como soldado: listo”. Y el 27 de noviembre era uno de
los líderes de la rebelión bolivariana. Wilmar Castro,
gracias. Nelson Merentes, gracias...
Asistentes [aplausos].
¡Y qué decir del negro Aristóbulo! Aristóbulo
también es como el Guaire. Gracias, Aristóbulo, gracias.
A Aristóbulo yo no lo conocía antes del 4 de febrero,
creo que una noche estuvimos a punto, en unas reuniones que teníamos
por allá; ya yo sabía quién era Aristóbulo,
era diputado ya, era diputado. Pero sobre todo Aristóbulo
y nosotros nos sellamos el 4 de febrero de 1992, porque fue uno
de los pocos líderes políticos, casi el único
que salió prácticamente a defender la rebelión
militar con coraje, con valentía desde las tribunas del entonces
Congreso Nacional...
Asistentes [aplausos].
Gracias, Aristóbulo.
Samuel Moncada, compañeros, éramos de la clase de
historia de la Academia Militar, por allá por los años
80, desde entonces comencé a respetar a este muchacho, perdóname
que te llame muchacho, somos muchachos, pues. Samuel era profesor
de historia de la Academia, y siempre comentábamos, me llamaba
la atención, ya yo andaba en revolución, dando clases
de historia uno fue captando, muchachos.
Ayer estábamos recordándolo con un grupo de muchachos
y muchachas de la Fuerza Armada, cómo la historia militar
aquella nos permitió ir impulsando el Movimiento Revolucionario.
Recuerdo cuando veíamos por ejemplo, en la historia militar
venezolana, que es historia política, no hay historia militar
sin historia política, sin historia económica; entonces
por ahí comenzaba la conspiración, la historia es
una sola, no es militar; era una conspiración.
¡Claro! Era romper los paradigmas, los viejos paradigmas que
enseñaban la historia militar bueno, segmentada; la decapitaban,
le quitaban lo económico, le quitaban lo político,
le quitaban el alma: ¿cómo se entiende Carabobo?,
¿cómo se entiende Boyacá?, ¿cómo
se entiende la Guerra de Independencia? Sin la colonia, sin el modelo
esclavista, sin el despertar de la conciencia, de las juventudes
criollas, ¿cómo se entiende el año 1814? Sin
la rebelión popular de los negros, de los pardos, de los
peones de la sabana que se fueron detrás de José Tomás
Boves como esperanza de redención social; 1814 fue un año
de guerra de clases, eran esos años y Moncada, Samuel, yo
siempre lo observaba y aprendí mucho de él y aprendí
a respetarlo más cuando con mucho valor y coraje escribió
aquél libro: Los huevos de la serpiente, cosa que valió
que lo echaran de la Academia, tuvo que irse de su cargo de profesor
de historia.
Los huevos de la serpiente, siempre recomiendo ese libro para que
entendamos bien cómo nació Fedecámaras y todos
esos organismos de la burguesía venezolana, y cómo
han estado siempre detrás de golpes de Estado, detrás
de la entrega del país; cómo estuvieron el 11 de abril
y todos estos años. ¡Ojalá cambiaran!, ojalá
cambiaran y asumieran un proyecto nacional, un empresariado nacional,
necesitamos y estamos dispuestos a trabajar junto con un empresariado
criollo, nacional, que sienta orgullo de ser venezolano y que trabaje
para satisfacer las necesidades del pueblo venezolano, de la sociedad
venezolana.
Asistentes [aplausos].
Gracias Samuel, gracias Francisco. Francisco Armada, bueno de la
escuela de Gilberto Rodríguez Ochoa, de aquél médico
patriota, revolucionario infinito y ejemplo para todos nosotros;
Francisco Armada, no lo conocía yo, a Francisco, sólo
que llegó por esa vía de Gilberto, de la muchachada
de Gilberto. Así me dijo un día Gilberto: “Tengo
una muchachada por ahí, una escuela de médicos sociales”,
de esos médicos que colocan como deber ser al ser humano
en primer lugar, enemigos del capitalismo médico, adversarios
de la privatización de la medicina. Gracias Francisco, gracias
por todo el esfuerzo y todo el avance que hemos logrado en Barrio
Adentro, en la salud, así como en la educación bolivariana
con Aristóbulo al frente en estos años, salud, educación;
salud, educación, las finanzas, ¡cuánto inventamos,
Nelson!; ahí queda el Fonden (Fondo de Desarrollo Nacional),
aquí queda el Fonden.
El Banco Central, ¿ya les dijiste, antes de irte? Ahora tú
vas para el Banco Central. He designado a Nelson Merentes como uno
de los nuevos directores del Banco Central de Venezuela (BCV), Giordani
es director también. ¿Cuándo me van a dar los
7 mil millones de dólares?
Asistentes [risas].
¡Ah! ¿Se acuerdan que mamaban gallo con el “millardito”?
Bueno ahora no es uno, son varios. Las reservas internacionales...
¡ah!, y les digo una cosa, hay presidentes de otros países
que ya nos están preguntando, “Mira, ¿cómo
es que ustedes...?, ¿qué es lo que ustedes inventaron
allá, Chávez?”. ¡Claro!, era una estupidez
lo que aquí ocurría.
Las reservas internacionales todas colocadas, la mayor parte, en
los bancos norteamericanos, y con ese dinero nos prestaban a nosotros,
nos pagaban de interés 3% y nos prestaban a 8%, a 10%, toda
la vida fue así y aquí nadie sabía, sólo
una élite que hacía negocios.
Y luego, no sólo eso, sino unas reservas internacionales
que no se podían tocar, no se podían tocar porque
el Banco Central es autónomo y él maneja las reservas,
que por cierto, es una de las cosas que quiero modificar en la Constitución,
porque así quedó en la del 99, la nuestra, y eso es
nefasto. El Banco Central de Venezuela no debe ser autónomo,
no debe ser autónomo.
Asistentes [aplausos].
Esa es la tesis neoliberal, como me decía el presidente Correa,
economista por cierto, con postgrados en no sé qué
universidad en Estados Unidos, en Harvard, no sé cuál
otra. ¿Qué me decía Correa? Me decía:
“Bueno Chávez, tienes razón: los bancos centrales
han sido autónomos de nuestras repúblicas, de nuestros
gobiernos, pero no han sido autónomos en relación
con el Fondo Monetario Internacional (FMI), dependiendo del Fondo
Monetario estuvieron mucho tiempo”. Es el Gobierno mundial,
así como Pdvsa (Petróleos de Venezuela) dependía
era de allá, también el Banco Central dependía
de allá, ¡qué esperanza podíamos tener
nosotros los venezolanos! Estábamos totalmente esclavizados,
totalmente esclavizados.
Por eso uno no puede entender. Yo ayer conversé por teléfono
—y le dije que iba a hacer público esto— con
monseñor Mario Moronta, porque la jerarquía católica
vuelve por sus fueros. Ayer yo oía al Presidente de la Conferencia
Episcopal diciendo unas barbaridades, otra vez. Entonces yo le digo
a Mario Moronta, bueno Mario ¿y tú eres mudo?, ¿perdiste
el habla?, ¿dónde está el Mario Moronta que
salía a decir cosas, a defender verdades? ¡Ah!, lo
mandaron allá a la frontera, allá lo tienen en San
Cristóbal.
Asistentes [aplausos].
No es que estar en San Cristóbal no sea digno, pero a él
lo movieron. Entonces la disciplina, él me dice: “Bueno,
la disciplina...”, bien, está bien, acepto la disciplina,
pero el que calla otorga. Entonces viene el Presidente de la Conferencia,
y más grave, el Cardenal, ¡el Cardenal ahora defendiendo
lo indefendible!, creo que están expuestos a que Cristo los
condene.
Asistentes [aplausos].
Y además están perdiendo buena parte del respeto que
los venezolanos les tenemos, a la jerarquía, y sobre todo
los católicos como yo. ¡Cómo se le ocurre al
Cardenal salir a decir que, por esta decisión soberana que
ya he tomado...! Les juro que nada ni nadie impedirán que
se cumpla esa decisión de no renovarle la concesión
a ese canal de televisión, que ya todos saben cual es.
Asistentes [aplausos].
Nada ni nadie podrá evitarlo.
Asistentes ¡Así, así, así es que se gobierna!
¡Así, así, así es que se gobierna! ¡Así,
así, así es que se gobierna!
Entonces, ¿cómo entender a esta jerarquía católica?,
¿cómo entenderla? ¡Ah!, pero son incapaces de
criticar, nunca criticaron el golpe de Estado, ni lo que estos canales
hicieron, jamás lo criticaron, no vi a un solo obispo venezolano
criticar el golpe de Estado, o darse por lo menos un golpe de pecho.
Por allá en el Paraguay, en cambio, un obispo se lanzó
de candidato a la presidencia, y parece que anda hablando de socialismo.
Aquí un obispo habla de socialismo y les da un... ¿cómo
se llama eso?, ¿cómo es que llaman...? ¿Un
bayú, no es? Un yeyo, les da un yeyo.
¡Cristo es uno de los más grandes revolucionarios que
hayan nacido en esta tierra!
Asistentes [aplausos].
Cristo, el verdadero Cristo; no el que algunos sectores de la Iglesia
Católica manipulan. Cristo era un verdadero revolucionario
socialista. Igualdad, igualdad: “Bienaventurados los pobres
porque de ellos será el reino de los cielos”. “Más
fácil será que un camello entre por el ojo de una
aguja a que un rico entre al reino de los cielos”. Ese es
Cristo, el verdadero; ese es Cristo, el verdadero, el de la propiedad
común, Cristo era comunista, incluso más que socialista
era un comunista auténtico, antiimperialista, enemigo de
la oligarquía, enemigo de las élites del poder.
¡Ah!, pero en muchas ocasiones en la Iglesia Católica
todavía hay corrientes que manipulan al Cristo Señor,
para tratar de convertir a esa religión, como dijo Marx,
en el opio del pueblo.
Aquí no, aquí no es opio, aquí es combustible
del pueblo, porque nuestro socialismo, nuestra Revolución
no es que sea eminentemente cristiana, ¡no!, pero tiene raíces
cristianas, auténticas, de la justicia social, de la lucha
por la dignidad del hombre, del ser humano, de la igualdad, de la
libertad.
Entonces, cuesta entender esas posiciones, señor Cardenal,
como también cuesta entender —ya lo señalaba
Jorge— las posiciones del Secretario General de la Organización
de Estados Americanos, el doctor Insulza, es una posición
bien insulsa de verdad, la del doctor Insulza.
Asistentes [aplausos].
Da vergüenza. ¡Ojalá me lo consiga yo ahora en
Managua!, ¡se la canto de frente y delante de los presidentes
y delante del mundo!, debe darle vergüenza, debería
renunciar a la Secretaría de la Organización de Estados
Americanos el insulso doctor Insulza, por atreverse a jugar el papel...
¿de qué?, ¿qué quiere ahora ser Insulza?
¿Un virrey del imperio? Doctor Insulza Venezuela es libre,
caballero. Venezuela se liberó para siempre, doctor Insulza,
váyase con su insulsez a otro lado.
Asistentes [aplausos].
Vaya que es bien pendejo el doctor Insulza, un verdadero pendejo.
Bueno, desde que el doctor Úslar Pietri —que en paz
descanse— usó esa palabra..., él, literato,
escritor de gran profundidad, a quien respeto, yo respeto mucho
al doctor Úslar y ustedes lo saben.
Entonces es un verdadero pendejo, desde la “p” hasta
la “o”.
Asistentes [aplausos].
El doctor Insulza. Da pena, vale. José Vicente ¿tú
te acuerdas de las conversaciones con el doctor Insulza? Ahora viene
a decir que el Gobierno venezolano no debería, y además
a lanzar una amenaza, que si nosotros no le damos la concesión
a este canal de televisión, habrá “implicaciones
políticas”. ¿Qué implicaciones políticas,
doctor Insulza? ¡No sea pendejo!
Asistentes [aplausos].
Debería renunciar. Un secretario general que llegue a ese
nivel, por dignidad debería salir de ese cargo; perdió
todo, toda moral para estar al frente de la Organización
de Estados Americanos, a menos que alguien pretenda convertir a
la OEA de nuevo en lo que una vez señaló Fidel Castro...
Hey, Fidel! How are you?
Asistentes [risas].
Vamos a mandarle un saludo a Fidel, ése nos está viendo
allá en La Habana, hermano, compañero, camarada, padre,
amigo, baquiano de los caminos.
Asistentes [aplausos].
Bueno Fidel una vez dijo que la OEA, en aquellos años 60,
la OEA llegó a ser, ¿cómo qué?, ¿cómo
fue que dijo Fidel? “El ministerio de las colonias”,
el ministerio de las colonias. ¿Será que el doctor
Insulza...? ¡Caramba! ¿Saben qué?, extraña
mucho más en un hombre que se dice muy cercano, o que estuvo
muy cercano a Salvador Allende, al presidente mártir, ¡qué
cosa tan extraña!, ¿no? Uno puede pensar cualquier
cosa del doctor Insulza.
Pero bueno, doctor Insulza, sencillamente no se meta con nosotros.
Respete a Venezuela, ¡Venezuela se respeta! ¡No le permitimos
a nadie que se meta en los asuntos internos de Venezuela! ¡Patria
libre y soberana!
Asistentes [aplausos].
Por supuesto que voy a denunciar la injerencia del Secretario General,
y la falta de respeto, en todas las cumbres a las que vaya en los
próximos meses, la próxima reunión en Managua,
la próxima reunión en Quito, la Cumbre de Mercosur,
para ponerlo en su lugar. No le tenemos miedo, señor, usted
está muy equivocado, muy equivocado.
Lo mismo que al Cardenal, yo le ruego al señor Cardenal que
ocupe su puesto, que ocupe su puesto: zapatero a su zapato.
Asistentes [aplausos].
Pero aquí no valdrán ni amenazas ni manipulaciones,
o intentos de manipulación, esa es la oligarquía,
¡claro! Esta oligarquía, esa crema, pero es una crema
nauseabunda, pestilente, de la oligarquía venezolana, busca
refugiarse detrás de las sotanas, busca refugiarse detrás
de instituciones como la OEA, y van a seguir, ustedes van a ver;
la batalla comenzó temprano, pero Venezuela no se rinde,
la Revolución venezolana no se rinde.
Asistentes [aplausos].
La batalla comenzó temprano. Nos disparan desde la OEA, el
mismísimo Secretario General; nos disparan desde la Conferencia
Episcopal, y ahora vienen los obispos a exigir que nosotros les
expliquemos qué es eso del socialismo. Señores, vayan
a buscar los libros de Carlos Marx, de Vladimir Lenin, vayan a buscar
la Biblia para que vean el socialismo ahí.
Asistentes [aplausos].
¿Que yo les voy a explicar a los obispos qué es el
socialismo? Yo no tengo nada que explicarles, señores obispos,
bastante se supone que ustedes han estudiado, y si no lo han hecho,
estudien pues. Estudien, vayan a estudiar el socialismo, les pudiéramos
mandar unos libritos de los tantos que están saliendo; Nicolás...
no, Jesse, perdón... no, Jesse no, a Jesse lo llaman “el
enrocado”; Carreño, Carreño que es el nuevo
ministro de Interior, vamos a mandarle unas cajas, todos los libros
de socialismo que consigas, Carreño, como regalo a la Conferencia
Episcopal Venezolana; porque ellos parece que no tienen idea de
lo que es eso, para que estudien pues, para que estudien.
Y el primer libro es la Biblia, el Viejo Testamento, el Nuevo Testamento,
el “Sermón de la Montaña”, el verdadero
sermón.
Ustedes saben que el “Sermón de la Montaña”
tiene varias versiones, ¡ah!, a Cristo, así como escondieron
cartas de Bolívar, las quemaron para luego manipular —la
oligarquía venezolana, la colombiana— utilizando a
Bolívar contra el propio Bolívar, contra el propio
pueblo; lo mismo han hecho, en muchas ocasiones, las corrientes
conservadoras de la Iglesia Católica que lamentablemente
son la mayoría: han manipulado a Cristo, le han quitado palabras
y han querido convertirlo en un señor lejano, a veces con
cara de bobo.
Una vez un obispo aquí —de estos oligarcas— se
molestó porque yo dije “el flaco de Nazaret”.
¿Y acaso que Cristo era gordo?, era un flaco, el flaco...
Asistentes [risas].
El que andaba montado en un burrito, ¿por qué no se
irán los obispos montados en burrito por los pueblos? Hay
algunos que lo hacen, me consta que Mario Moronta es uno de ellos,
hay obispos, pero no hablan, eso es lo que yo les critico, que andan
calladitos, sí hablan pero hablan por allá, calladitos.
No, ¿por qué no asumen? Estamos en un momento existencial
de la vida venezolana, nosotros vamos al socialismo, y nada ni nadie
podrá evitarlo, vamos al socialismo, seguiremos haciendo
la Revolución Bolivariana...
Asistentes [aplausos].
Está la presidenta de la Asamblea Nacional aquí, ¿verdad?
Cilia. Bueno, yo no sé si ya este discurso será el
de pasado mañana, ya no tendré qué hablar pasado
mañana, me juramento y listo, si me dan permiso, yo me subordino
a lo que ustedes digan.
Luego, Ricardo Dorado, ministro del Trabajo saliente, llegó
por vía de María Cristina y todos esos caminos, al
Ministerio del Trabajo, Vuelvan Caras y todo aquello; y agradezco
a Ricardo su desempeño, su entrega, la Misión Madres
del Barrio, cuánta sensibilidad, cuánto trabajo, cuánta
eficiencia.
Por eso digo, víctimas han sido de esa conseja de la burguesía,
de que Chávez está mal rodeado, de que Chávez
no sabe escoger sus colaboradores. Claro, muchos de los que critican
quisieran estar aquí para robar, para hacer lo que hacían
antes, ministros de Finanzas que eran banqueros, ¡zamuro cuidando
carne!, y así por el estilo: grandes negocios, subordinación
al imperialismo y a la oligarquía.
Gracias Ricardo, gracias Jacqueline, Jacqueline Faría, entregada
desde toda su vida al trabajo por la justicia social, por la felicidad
de nuestro pueblo, ¡y qué pasión le pone Jacqueline
a su trabajo!, todo el trabajo, el inmenso trabajo de salvar el
ambiente amenazado por el desarrollismo, por el capitalismo, cuánto
esfuerzo, cuánta orientación, cuánto enrumbar,
porque hoy Venezuela está enrumbada, Venezuela hoy tiene
rumbo, hace pocos años no había rumbo, hoy tenemos
la dirección clara y estamos comenzando esa nueva etapa,
esa nueva era, gracias a que ha sido exitosa la etapa que concluye.
No pudiéramos para nada ni estar soñando entrar en
una nueva era si no hubiésemos sido exitosos en la etapa
anterior; alguien puede pensar que esos —¿cuánto
fue al final, el último boletín de votos? ¿Cuánto
fue que sacamos al final?— 7 millones 300 mil votos bolivarianos
y conscientes del 3 de diciembre los logró Chávez
porque él habla bastante o porque tal o cual cosa. No, ¿por
la verruga?
Asistentes [risas].
No: conciencia de un pueblo y de buena manera gracias al esfuerzo
y al éxito de los planes del Gobierno en educación,
en salud, en el desarrollo económico, y en eso yo solo, ¿qué
voy a hacer yo solo? Nada haría, gracias a mis ministros,
a mi Vicepresidente, a este grupo de buenos compañeros que
hoy dignamente entregan sus cargos, gracias, gracias.
Asistentes [aplausos].
Yadira muchas gracias. Yadira Córdova, desde los tiempos
de la universidad, nosotros en el 4 de febrero y aquel grupo que
ustedes tenían de profesionales que hizo —estaba Giordani
también— una propuesta alternativa, la UCV al país,
la Universidad Central de Venezuela. Desde entonces yo conocí
a Yadira y leí sus escritos, y luego esta etapa en el Gobierno,
y ahora al frente del Ministerio de Ciencia y Tecnología,
un ministerio nuevo que ella fundó con su equipo, con nuestro
equipo, y ahí está entregando el Ministerio, que estamos
haciendo desde un satélite en China, hemos aprendido a reparar
tanques de guerra que tenían años que no podían
rodar porque no había aquí quien con ingenio y con
dedicación se pusiera a estudiar el cerebro electrónico
de los tanques; la Misión Ciencia, el apoyo al desarrollo,
los Infocentros, la telemática, la fábrica de computadoras,
la de vehículos por allá, la de celulares. En fin,
cuánto hemos avanzado, tenemos un piso, tenemos un piso sólido,
sólido para ahora crecer, desarrollarnos mucho más
en todos los ámbitos de la sociedad, de la economía,
de la política, de la ciencia, de la tecnología.
Gracias Yadira, gracias Jorge. Jorge García Carneiro ha fundado
también, con este equipo nuestro, el Ministerio nuevo de
Participación Popular, los Consejos Comunales, un impulso
extraordinario, es el piso, es el motor fundamental del Poder Popular,
de la democracia revolucionaria, viejo amigo, camarada y compañero
desde los días aquellos de la Academia Militar de 1971.
Gracias Jorge García Carneiro.
Gracias Gustavo Márquez, Gustavo Márquez Marín,
¡cuánto ha ayudado Gustavo en el enrumbamiento de Venezuela
hacia el Mercosur!, en la integración de Venezuela a la unidad
suramericana, en llevar nuestras posiciones a infinidad de reuniones,
de talleres, de cumbres, de asambleas. Gracias por el desprendimiento
de todos y por lo que han aportado, como ellos son muy modestos,
pues no dicen nada de esto, yo lo digo en justicia: honor a quien
honor merece, se van ustedes por la puerta grande, y yo agradecido
a nombre del pueblo venezolano todo, a nombre de la Revolución
toda...
Asistentes [aplausos].
En ejercicio del amor nada concluye todo recomienza. Gracias muchachos,
gracias muchachas, compañeros.
Asistentes [aplausos].
Y como dicen allá en el llano: perdonen de mi parte lo malo,
no es fácil trabajar conmigo. Si yo no fuera Chávez,
le pediría a Chávez que me mandara lo más lejos
posible de él a trabajar, si es que de trabajar con él
se tratara, si fuera a jugar bolas criollas, pelota de goma, softbol.
¡Ah, no! ¡Chévere, chévere que chévere!
Por eso digo, perdonen lo malo. He aprendido mucho de ustedes, y
aquí seguiremos, y como lo ha dicho José Vicente,
pues en la batalla continuamos; tampoco es que se van del Gobierno,
José Vicente dijo: “Los que nos vamos del Gobierno
no nos vamos de la Revolución”. No se van tampoco del
Gobierno, porque no olvide José Vicente, no olviden compañeros,
compañeras, que hoy en día el Gobierno cada día
debe ser más otra cosa, o una cosa muy distinta al Consejo
de Ministros, al presidente Chávez; el Gobierno debe ser
cada día más el pueblo, la calle, el campo, el Gobierno
popular, el Poder Popular...
Asistentes [aplausos].
Señores ministros, ministras, señor Vicepresidente:
tendría muchas cosas que decirles, pero prefiero dejarlo
para la reunión que tenemos más tarde allá
en Palacio, les agradezco mucho a todos los que han llegado hoy,
o los que han asumido el cargo, yo los he juramentado a todos por
cuanto Rafael Ramírez, por ejemplo, ya no es el ministro
de Energía y Petróleo nada más, es el ministro
del Poder Popular, eso tiene, ustedes lo saben, un gran reto, una
gran significación y un gran compromiso, todos: ya Baduel
no es ministro de la Defensa simplemente, es ministro del Poder
Popular para la Defensa, eso obliga, eso compromete mucho más;
entre otras cosas deben ustedes abrir canales para alimentar las
instituciones, los ministerios, la burocracia con esa corriente
viva, con ese amor profundo y con esa fuerza transformadora del
Poder Popular; el Poder Popular debe llegar a todos los espacios
institucionales y las instituciones deben irse al Poder Popular.
Una de las características del nuevo Gobierno, así
lo digo señor vicepresidente Rodríguez, señores
ministros, ministras del Poder Popular, permítanme decirlo
en dos palabras: Gobierno Endógeno.
Por ejemplo, les voy a poner un ejemplo, ALÓ PRESIDENTE pronto
reaparecerá, próximo domingo, domingo 14, si mal no
recuerdo...
Asistentes [aplausos].
Pero ese día, mientras yo esté en un punto “equis”
del mapa, mi amigo el Vicepresidente debe estar en el punto “ye”
del mapa, en el otro extremo de Venezuela, y debe estar —seguramente—
con un grupo de ministros; y vamos a organizar el Gabinete en grupos
de recorrida, de patrullaje por el país, para recorrer los
campos, las calles, los pueblos, en equipos de trabajo...
Asistentes [aplausos].
Los lunes, martes, miércoles, tendremos tiempo para la oficina,
para el despacho y atender las cosas que haya que atender en Caracas.
Pero jueves, viernes, sábado y domingo ¡a la calle,
a los campos, a los pueblos!, por supuesto con un plan de trabajo...
Asistentes [aplausos].
Gobierno en la calle, Gobierno Endógeno, creo que ya lo dije,
eso es sólo un adelanto de las sorpresitas que les tengo
preparadas a mis muy queridos, ellos van a ser felices, se van a
liberar de una parte, aún cuando lo hemos venido haciendo
pero no lo habíamos hecho hasta ahora de manera planificada,
Giordani, planificación. Y luego el lunes nos reunimos el
Vicepresidente y yo, todos los lunes, ya cuando nos reunamos él
debe tener un resumen de todos los equipos, de lo que consiguieron
por aquí, lo que vieron por allá, porque por todos
lados uno consigue dificultades, fallas.
Miren, por ejemplo esa campaña electoral última sirvió
para muchas cosas, una de ellas abrirme más el pecho y el
compromiso con los más humildes, con los más pobres,
porque por allá llegué a Delta Amacuro, por ejemplo,
a Tucupita, y del aeropuerto salió la caravana, y aquella
gente toda en la calle, vaya con qué frenesí —esa
expresión es de Giordani, cuando fuimos a San Fernando, ustedes
saben, entonces él dijo: “Esto es más que amor,
es frenesí”—. Ese frenesí en las calles,
y más allá de los pueblos, más allá
del frenesí, ranchos y ranchos por todos lados, pobreza y
miseria, pero ahí está el pueblo, y ahí está
el 3 de diciembre, vean ustedes que los más altos porcentajes
de votación los obtuvimos precisamente por allá en
las zonas indígenas, por allá en las regiones más
pobres, más alejadas, allá en los barrios más
pobres de las grandes ciudades, en muchos de ellos aún no
hay agua potable, en algunas partes aún no hay energía
eléctrica, o la carretera no sirve, o la escuela no sirve,
o no llega el crédito para los productores, o no hay transporte,
no hay médicos, no hay medicinas; ratifico pues mi compromiso
con los más pobres, con los venezolanos más pobres,
es con todos el compromiso, pero primero-primero, señor Vicepresidente,
señores ministros, ministras, los más pobres.
Por eso decía que uno consigue por todos lados, por todos
lados, problemas de todos los tipos y de todos los colores.
Entonces el lunes, Jorge, el Vicepresidente, tendrá un resumen
del resultado de la travesía; hasta el Canciller tiene que
hacer eso, todos, todos; unos más, unos menos: Nicolás
menos que Yubirí, por ejemplo, o que Carreño, pero
todos; Rodrigo Cabeza, nuevo ministro de Finanzas, tiene que ir
a chequear allá cómo se están utilizando los
recursos.
Asistentes [aplausos].
Cada ministro, cada ministra, el Vicepresidente, debe ser un inspector,
severo inspector. Les he dicho que quiero verlos llegando de manera
imprevista, sin previo aviso, a cualquier lugar del país
donde se esté haciendo alguna obra, algún trabajo,
quiero que me llamen de allá y me digan: “Presidente,
aquí estoy en la carretera que se está construyendo
entre Guasdualito y Elorza —por ejemplo— y he descubierto
esto, esto y esto”. “Aquí estoy, Presidente,
en el Núcleo Endógeno, en tal parte”. “Aquí
estamos en el...”, etcétera.
En todas partes, a cualquier hora, a medianoche, en la madrugada,
domingo, sábado...
Asistente ¡Mándalos para Tejerías!
Para todas partes van a ir, para todas partes van a ir, para Tejerías
también van a ir.
Asistentes [aplausos].
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