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Rambo resucitó en Burma
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Caracas, 26 Oct. ABN (Por: Juan José Espinoza*).- Desde el estreno en 1925 del Acorazado Potemkin del soviético Sergei M. Eisenstein el cine ha sido utilizado en infinidad de oportunidades como una poderosa herramienta propagandística.
A medida que el cine se desarrolla técnicamente su uso va diversificándose: entretenimiento, herramienta de la denuncia, expresión artística, etc. Sin embargo el uso propagandístico e ideologizador se mantiene hasta nuestros días.
Durante el mandato del presidente estadounidense Ronald Reagan se intensificó lo que se había conocido desde el final de la II Guerra Mundial como la Guerra Fría, Reagan, quien veía en la URSS como el enemigo número uno de los intereses estadounidenses y de sus aliados, comenzó una carrera armamentista para hacerle frente a la nueva etapa en la era espacial soviética impulsada por Gorbachov.
La carrera armamentista iniciada por Reagan, y que se mantuvo durante sus dos períodos presidenciales, necesitó como todo proyecto político de un apoyo propagandístico. Reagan vio en el cine ese apoyo tomando en cuenta que ya para la mitad de los años 80 la producción cinematográfica de los EEUU se había posicionado como una de las más difundidas en el mundo.
Uno de los vehículos cinematográficos usados en la era armamentista de Reagan estuvo contenido en la figura ficticia de Rambo, un veterano de la Guerra de Vietnam que representaba la quinta esencia del componente bélico: un individuo con la capacidad y el conocimiento para la destrucción absoluta.
Las películas de Rambo, específicamente Rambo II y Rambo III, concebidas dentro del género de acción, sirvieron para cimentar una serie de estereotipos que respondían a la primera necesidad de Reagan: dejar claro que el enemigo era la URSS. No es coincidencia entonces que todos los villanos de estos largometrajes son o tienen una relación directa con los ideales soviéticos.
Los estereotipos típicos del cine de acción estadounidense de los años 80 se afianzaron con los largometrajes protagonizados por Sylvester Stallone. Estereotipos que se repetían hasta los niveles del cansancio. El enemigo pues, siempre fue la Unión Soviética y el héroe 'el bueno', siempre estaría representado por una fuerza militar proveniente de los EEUU o de uno de sus aliados.
La fórmula de este cine de acción estadounidense como herramienta de propaganda se fue desgastando hasta perder vigencia a medida que llegó la época de los 90, dos años después de que se estrenara Rambo III, donde el cine conservador heredero de Reagan dio paso a uno menos comprometido con el ideal político del gobierno de turno.
La razón para esto es que justamente en 1991 se disuelve la Unión Soviética y el enemigo número uno del llamado mundo democrático que en teoría defendía los EEUU desaparece, por lo tanto un cine que refuerce la idea de mantener una posición de confrontación (armada en la mayoría de las veces) ya no tiene sentido. Rambo y sus innumerables similares desaparecieron de las salas de cine.
En su lugar, el cine de acción estadounidense cambió sus fórmulas por un tipo de cine más escapista, preocupado más por mostrar efectos especiales, y a falta de un enemigo tan fuerte como la URSS, se decantó por colocar en la mira a 'enemigos menores', por decirlo de una forma, representados por varios países del Oriente Medio.
Esa elección del oriente medio como nueva figura del mal no es para nada casual, especialmente luego de la Guerra del Golfo donde EEUU se erigió como una nueva hegemonía global y satanizó a todos esos países cuyos sistemas de gobierno estaban fundamentados teológicamente en el Islam. Así automáticamente el Islam tomó el papel de la ideología maligna que habría ocupado el comunismo durante tanto tiempo.
Curiosamente parece que estamos ante el resurgimiento de esa época dorada del cine de acción estadounidense de la década de los 80, con el estreno de una nueva película de Rambo; película que tiene como telón de fondo el conflicto que existe actualmente en Burma.
Cuando se analiza la situación de Burma y los intereses que tienen los EEUU en el mismo se recuerda que la represión que actualmente existe en el país comenzó simultáneamente con el discurso realizado en la 62 Asamblea de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) por el presidente de EEUU, George Bush, quien exigió 'libertad' para Burma.
El principal interés de EEUU por la 'libertad' en Burma se debe al gas que es explotado en ese país por la compañía estadounidense Chevron y las piedras preciosas que también provienen de ese país.
De modo que ante la posibilidad de una intervención estadounidense en Burma, desde ya se ha comenzado a potenciar esa idea con mecanismos mediáticos como el cine, de allí que una figura como Rambo que había muerto cinematográficamente con el fin de la Guerra Fría resurja cual ave fénix.
Y eso es quizás lo más determinante de todo el asunto y a manera de advertencia silenciosa deberíamos hacernos ésta pregunta: ¿para qué resucitar a un Rambo que sólo conoce la violencia como única opción si no se está considerando desde el gobierno estadounidense una invasión a Burma tal y como ocurrió (y sigue ocurriendo) en Irak?
*Periodista |
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| ABN 11:25 am 30/10/2007 |
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