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Martes 09 Febrero 2010
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Otro libro es posible (contra el logocentrismo II)

Caracas, 21 Nov. ABN (Por: Freddy Ñáñez*).- «… Que tenía que ser de clase y suscrito a una lucha social determinada, económico, gratuito y contestatario, de circulación masiva, pedagógico y con derechos liberados», era lo que se escuchaba sobre el libro de las voces que iban y venían con entusiasmo en la II Feria Internacional del Libro de Venezuela Filven 2006.

No fueron pocos los aportes durante esos días en que estuvimos disertando (allá en la Filven) acerca del socialismo del siglo XXI y los retos que se nos presentaban a las llamadas editoriales alternativas.

Así que, en esta oportunidad, insistiremos en la vinculación de lo editorial como única forma del conocimiento con la hegemonía política y la dominación cultural. Esto porque en la feria estuvo ausente una visión crítica del libro en sí como instrumento colonizador.

Es decir, todas las ideas que surgieron en torno al libro necesario cuestionaban al oligopolio que lo mantiene prisionero, pero no ensayaban las limitaciones del libro en tanto expresión ideológica de la dominación occidental frente a un continente de múltiples existencias.

Desde un principio, las instituciones (escuelas, iglesias, bibliotecas) acataron el mandato colonialista de eliminar la subjetividad originaria y todas las formas de expresión que les fueran legítimas.

Haciendo lo propio con las singularidades criollas, los saberes transmitidos desde lo procedimental y por medio de la palabra colectiva (oralidad) sucumbieron en buena medida ante la persecución sistemática ora de la ortodoxia eclesiástica (monoteísmo judeocristiano), ora del rigor científico (epistemología monocultural) , ora del modelo estético (patrón erupocéntrico). Todas validadas de alguna manera por el culto a lo escrito como sinónimo de lo «civilizado».

Es decir que los paradigmas que nos condicionan al elegir lo bueno, lo bello y lo cierto, frente a lo malo, lo feo o lo falso actuaron siempre en detrimento de otras racionalidades, invisibilizándolas.

La cultura única es el proyecto del capitalismo globalizado. En la carrera editorial contrahegemónica planteada por muchas editoriales independientes no podemos perder de vista el reto intercultural. Es más, aún se hace necesario reconocer el valor impostergable de los pueblos en resistencia para la construcción de un nuevo pensamiento crítico.

Al editor alternativo le corresponde abrir espacios solidarios con las minorías étnicas, sexuales, lingüísticas y reivindicar no sólo su existencia como pueblos cultos sino su beligerancia política en esta lucha emancipatoria.

Sin el espacio que les corresponde (sociohistórica y étnico-antropológicamente) a los pueblos originarios, estamos condenados a desaparecer como culturas diferentes.

La estrategia editorial debe amplificar sus ambiciones de clase y devenir en herramienta multiétnica. Para esto es necesario abolir la división editor-libro-lector y plantearse una nueva ética y una nueva técnica que nos permita hacer obras en correspondencia con la diversidad que somos.

No hablo de imposibles: Basta con entender que el libro necesario, al igual que el socialismo del siglo XXI, no se puede hacer ya «para la gente» si no «con la gente».

*Periodista y poeta

ABN 03:19 pm 21/11/2006
 
 
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