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Martes 09 Febrero 2010
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Fruto Vivas: un Honoris Causa dedicado al pueblo

Foto: Suiking Chang, ABN.
Caracas, 28 Ene. ABN (Sofía Athanassopoulos).- Aunque piensa que hay otros colegas con mayores méritos que él, al reconocido arquitecto venezolano Fruto Vivas, la Universidad Central de Venezuela (UCV) le otorgará, el próximo 05 de febrero, un Doctorado Honoris Causa por su trascendente trayectoria.

Admite que siente una gran satisfacción por este reconocimiento, pero para nada le gusta ser considerado un “ícono de la arquitectura venezolana”.

“No... es una falta de respeto con todos los grandes arquitectos que tenemos y hemos tenido nosotros”, sentencia al respecto.

Nacido en La Grita, Páramo de la Negra (estado Táchira), Fruto Vivas egresó de la UCV en 1956 y es uno de los arquitectos venezolanos con mayor reconocimiento nacional e internacional.

Mucho antes de recibir el título, ya sabía bastante del oficio. Incluso hay una anécdota suya que conocen muchos estudiantes de antes y de ahora en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, y es que nunca llevaba los planos hechos a las clases, simplemente sacaba una hoja en blanco y un marcador y allí mismo diseñaba dejando impresionados a los profesores con su destreza.

Sobre eso, dice, hay una explicación muy sencilla y es que “desde los 12 años era constructor, yo me formé trabajando. En Caracas no había arquitectos, cuando entro a la escuela de arquitectura, yo he hecho montones de casas ya, y me gradúo muy viejo, de 27 años”.

Señala que su inspiración ha sido todo un proceso, pero entrar a la universidad significó descubrir que su infancia era la raíz más importante de su arquitectura.

“Haber hecho mi casa de barro con mis padres, haber conocido lo que hace un pueblo, cómo enfrenta el problema de la vivienda; eso para mí fue extraordinario... Ese es mi gran maestro: el pueblo, al que yo le debo todo”.

Por eso, ya profesional, volvió a girar la vista a los barrios, al campo, a revisar lo que hacía el pueblo más allá de la arquitectura colonial, de la arquitectura de los millonarios, enfatiza, prestándole más atención al saber popular e indígena.

Sus maestros de la Facultad también fueron importantes, entre ellos Luis Malaussena, Luis Vanoni, Willy Ossott, Lorenzo González, Charles Ventrillon, Diego Carbonel, Tomás Sanabria, Carlos Manuel Moller, Carlos Guinand, Cornelis Zitman y Carlos Raúl Villanueva, al que considera vital en su carrera por haberle dado los fundamentos “de una arquitectura social apoyada en nuestras raíces y que estudiamos al calor de la construcción de nuestra casa grande (UCV)...”, junto a todos “los alarifes, carpinteros, artesanos, albañiles, que me enseñaron los secretos de la construcción, del uso de los materiales; obreros anónimos, que sin ellos no existiera la arquitectura”.

Analizando qué tipo de arquitectura había que hacer, su filosofía se forma y continúa hoy basándose en la relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, apoyándose en tres grandes pilares: la arquitectura de masas, la tecnología de lo necesario, y la arquitectura y la ciudad ecológicas, cuyo emblema son los Árboles para vivir.

Este sistema para el rendimiento de los materiales, recordó Vivas, se materializó cuando aún era estudiante y su cuñada le pidió que le construyera una casa en Judibana (estado Falcón): la casa que se barre con el viento.

“Esa es una casa muy bella, de barro, blanca toda, sin ventanas, con chimeneas que el viento le pega y saca el aire de adentro... La importancia de esa casa es que fue mi primer Árbol para vivir, es un casa de jardines colgantes en el techo, yo llevé arena blanca de la playa, matas... Esa fue mi primera gran experiencia... esa casa fue el inicio de toda mi arquitectura”.

También, en Lecherías, estado Anzoátegui, está ubicado el edificio Árbol para vivir, que imita esta obra de la naturaleza en un diseño de vivienda masiva, aplicando el concepto de “estructura límite”, es decir aquella que está en el máximo de su optimización.

“Todas las estructuras de la naturaleza, incluyéndonos a nosotros, somos estructuras límites, no podemos tener menos material ni necesitamos más. Tú no puedes poner más vidrio en un bombillo del que ya tiene, no puedes ponerle a un avión más peso del que demanda en un diseño porque no volaría, ni menos peso porque se parte”, explicó.

Y es que ideas como esa, basadas en la investigación, siempre han sido parte del desarrollo de su trabajo y la innovación de sus propuestas arquitectónicas.

Siendo aún estudiante en 1955, ganó el concurso de diseño del Club Táchira en Caracas (Colinas de Bello Monte), una de sus obras más importantes. A partir de 1961 trabajó en proyectos de prefabricación con el Banco Obrero (Bloque Experimental El Valle) y en 1965 se va a Cuba donde colabora en importantes proyectos y diseña el plan piloto de aplicación de Arquitectura de Masas.

Algunos de sus proyectos importantes han sido el hotel Moruco, en Santo Domingo (Mérida); el diseño del Museo de Arte Moderno de Caracas, junto al arquitecto brasileño Oscar Niemeyer (no construido); la Iglesia Divino Redentor y Plaza de la Unidad Vecinal de la Concordia, San Cristóbal (Táchira), varios complejos habitacionales ubicados en distintas ciudades del país y el pabellón de Venezuela en la Exposición Universal de Hannover, Alemania (2000), la famosa “flor de Venezuela”, una estructura con láminas móviles inspirada en la orquídea, que causó sensación en esa muestra y ahora está instalada en Barquisimeto (Lara) para el disfrute de todos los ciudadanos.

Menciona como sus obras construidas favoritas a la urbanización Alberto Ravell en El Valle y el Club Táchira (ambos en Caracas). Así como entre las nunca construidas, al Hotel Caroní, proyectado para la empresa siderúrgica en Puerto Ordaz (Bolívar).

En 1987 fue reconocido con el Premio Nacional de Arquitectura y en 2000 se le otorgó el Premio Nacional del Hábitat. Es Profesor Honorario de la Universidad de los Andes (Mérida), Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado (Barquisimeto), Universidad Autónoma de Santo Domingo (República Dominicana), Universidad de Veracruz (México) y Universidad de Cuzco (Perú).

Pero su mérito no ha sido sólo por los proyectos construidos y los premios recibidos, ha sido docente por más de 50 años (UCV) y también ha desarrollado una extensa labor crítica.

Para Fruto Vivas, “más importante que crear ciudades, es crear hombres libres. Estar involucrado en la tarea de la libertad, de la independencia, de ser un país soberano. La soberanía es clave para nosotros y ese es el camino por donde marcha el proceso actual”, destacó.

Por eso, a sus 81 años, mantiene intacta su motivación para seguir trabajando por “hacer crecer este país hacia lo grande y en términos ecológicos. O salvamos los árboles y vivimos con ellos o desapareceremos del universo. Hay que concentrar el esfuerzo principal en la protección del medio ambiente”.

En cuanto a sus proyectos actuales, está muy ocupado con el desarrollo de El Diluvio, una urbanización en la represa del estado Zulia, que comprende unas cinco ciudades alrededor de un gran centro agrícola con canales de riego. Este proyecto del Estado lo construye la empresa brasileña Odebrecht.

En el 2007 publicó con la editorial El perro y la rana, Ideas para una Caracas posible y ahora proyecta el plan Superación de la Pobreza.

Afirma que la arquitectura en el régimen capitalista está hecha para enriquecer los bolsillos de los dueños de los edificios y no para darle felicidad al colectivo.

“Así la ciudad se vuelve una mercancía, un negocio para vivir. Todos esos apartamentos que se ven por millones son para enriquecer, amuñuñados, en condiciones monstruosas y desastrosas”.

En ese sentido, agregó que el problema central de Venezuela en cuanto a vivienda es que no se ha desarrollado un modelo productivo que garantice la riqueza social del pueblo.

“Los planes de vivienda están viciados por algo grave: el gobierno sigue haciendo casas, tiene que hacer viviendas. Las casas son los objetos, hay que hacer espacios donde la gente viva, que los niños jueguen, donde tengan todo resuelto, donde tengan calidad de vida y no un pocotón de quinticas pegadas, que están ligadas a los contratos, que están ligadas al negocio”, acotó.

Asimismo, critica el auge de los centros comerciales, a los que considera diseñados para acabar con los comercios pobres.

“La ciudad que tenía el comercio repartido, ahora lo concentra en un solo sitio para enriquecer a un pequeño grupo de gente. No es satisfactorio”.

Sin embargo dice que existe algo más grave que acusar: los casinos.

“Una revolución no puede estar llena de casinos hasta en Círculos Militares. Eso no me puede satisfacer a mí como revolucionario. Están construyendo uno en Los Chorros, ¿quién dio el permiso? está atravesada la droga, la prostitución, todas la partes negativas de las sociedades, el vicio... En Venezuela estaba prohibido el juego, las únicas autorizadas eran las Juntas de Beneficiencia, porque las loterías eran para pagar los hospitales. Eso no existe hoy, ahora benefician a grupos económicos. Me dio vergüenza estar en Barquisimeto, donde yo vivo, y ver un casino en un Círculo Militar, lo digo con toda honestidad”.

Por otro lado, elogia obras del gobierno como el viaducto Caracas-La Guaira, “una obra maestra de ingeniería, extraordinaria”, el puente Orinoquia que une a los estados Bolívar y Anzoátegui y el tercer puente sobre el río Orinoco (en construcción) Cabruta-Caicara (Guárico-Bolívar). “Son obras de infraestructura de altísimo valor”.

Cuando se le pregunta por un modelo de ciudad en Venezuela, rápidamente menciona a Barquisimeto, “porque es una ciudad que tiene una estructura muy clara. Tiene el área histórica, los barrios periféricos, la zona industrial bien definida, la zona educativa, las conexiones con las demás partes...”.

ABN 11:40 am 28/01/2009
 
 
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